Discurso de despedida a Lenka Franulic por Pablo Neruda
DESPEDIDA A LENKA
—Me puse corbata negra para despedirte, Lenka.
—Qué tonto eres, sácatela.
—Lloramos anoche, recordándote, Lenka.
—Qué locura! Recuerda mejor cuanto nos reíamos juntos.
—Y qué puedo decirte, Lenka!
—Cuéntame un cuento, y cállate.
—Para saber y contar, Lenka, te contaré que hoy la tierra se parece a tu cabeza querida, con oro desordenado y nieve amenazándote. Todo este tiempo en que te ibas cada día trabajábamos en Isla Negra, en donde casi llegaste a morir. Fue la única invitación que no cumpliste. Tu sitio estaba vacío.
Pero mientras te ibas te acercabas y te alejabas a fuerza de dolor, cada ola se rompía en la arena con tu nombre. Era tu vida que luchaba y cantaba. Cada ola se apagaba contigo y volvía a crecer. A florecer y a morir. Cada movimiento entre la tierra y el mar eras tú, Lenka, que venías a verme, eras tú que hablabas de nuevo, interminablemente agitada por el viento del mundo. Eras tú que por fin llegabas adonde te esperábamos, eras tú, querida errante, que vivías y morías siempre cerca y siempre lejos.
Pensar en ti con tanta espuma y cielo era dedicarte lo más alto. Y tu recuerdo surge, tu misterioso retrato. Tu grandiosa inteligencia y tus gestos consentidos. Eras tan trabajadora, perezosa querida. Eras tan frágil y tan recia. Eras esencia de mujeres y lección para un millón de hombres.
Recuerdo cuando me perseguían a mí y a todo el pueblo y se vivía un carnaval de enmascarados, tú sostenías la pureza de tu rostro blanco, tu casco de oro levantando la dignidad de la palabra escrita. Otros falsos maestros de periodismo indicaban como mastines la pista de mi poesía, cumplían su destino de bufones y de delatores, mientras que tú encarnabas la transparencia de la verdad, de tu verdad sin ilusiones pero sin traiciones.
—Ya te estás pasando en mi elogio, Pablo, te reconozco.
—Perdóname, Lenka, si sigo siendo demasiado humano. Tú eres ahora aún más bella, eres una ola de cristal con ojos azules, alta y resplandeciente que tal vez no volverá a repetir su espuma de oro y nieve en nuestra pobre arena.
(La periodista Lenka Franulié muere en Santiago de Chile el 25 de mayo de 1961.)

